Rafaela

Posted On 13 octubre 2015

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A Rafaela le gustaban las cosas raras. Andaba siempre levantando piedras para buscar lombrices y juntarlas con los caracoles que encontraba en el jardín de su casa. Andaba siempre preguntado si los marcianos eran vacas o elefantes o si eran verdes como las crayolas del salon de clase, porque claro, las crayolas verdes nunca se perdían en el patio de recreo. Cuando Rafaela tenía 10 contaba historias raras, historias absurdas de arañas que comían arena y volvía con sus teorías de extraterrestres que se camuflan entre micos en la selva. Es que Rafaela siempre fue muy rara, y sus amigos y padres y maestros igual la querían así, rara, muy rara. Rafaela sabía que sus padres estaban en la obligación de quererla, así, diferente, pero el resto del mundo no, así que a la edad de 15 llego a la conclusión de que sus amigos y maestros también eran raros. Pero no raros como ella, su profesora de historia por ejemplo, no creía que hubieran vacas rumiando en la luna, pero siempre se comía dos porciones de arroz con leche en la cafetería, un arroz que bien podría haber sido el puré de papa del día anterior o del día siguiente, pero ella siempre repetía porción, eso, era raro. Su amiga Sara no repetía porción en la cafetería pero leía todo el día, leía el periódico y libros de crimen, y de filosofía, y de misterio, leía todos los anuncios en los tabloides del colegio y hasta los mensajes en los pupitres del salón. Nadie leía los anuncios del tabloide. Nunca. Sara era bien rara. Cuando Rafaela creció se fue del país. Seguro a seguir haciendo sus cosas raras, diferentes, algunos dicen que está estudiando ecología y otros astronomía. Lo que siempre le admire a Rafaela fue ese arte de ser inusual, pero sobre todo el arte de hacer ver el mundo como algo normal, como si todos fuéramos normales, como si nadie tuviera un mugrecito en la cabeza que lo hace diferente a los demás. Y es que Rafaela siempre me decía “fresca Nata, que si te comes eso con la mano solo te hace rara, no te intoxicas ni sé te cae el pelo, si Nico te ve fresca, que a él le gusta el Heavy Metal. Nico si es bien raro no?”.

Una breve historia

Posted On 9 marzo 2015

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Se enamoró de ella una tarde tomando café negro.  Entro un domingo cualquiera y allí estaba ella, de pie, como flotando con una sonrisa angelical que emanaba azúcar de por sí. Se sentó en una mesa con ángulo a las cafeteras, a observarla, a admirarla, casi como si se hubiera propuesto enamorarse. Un sorbo, dos sorbos, tres sorbos, y estaba enamorado. Pudo haber sido tanta azúcar en el café negro,  quizá el efecto de la cafeína y el sol, pero él ya la miraba como una artista, AH! Y que bello es el arte, ella movía sus manos como si acariciara a un amante, como si estuviera  entre la cama pasando los dedos entre el cabello de un alguien, por su cara, por sus labios, por cada facción. Realmente le parecía arte, cada movimiento era consecutivo con el anterior como si fueran una sola acción, era como si sus manos danzaran entre los pocillos y los granos de café. Tanto amor necesitó  de cinco pasos de gigante, de 100 latidos por minuto, de tres gotas de sudor, de una frase terminada en por favor y finalmente de un segundo café negro. Se le sonrojaron las gafas, aquellas que la miraban tan de cerca, su cabello ondulado, su diminuta cintura, y sus manos, sus manos que parecían alas de pájaro. Yo observaba desde una mesa cercana, a mí la chica me parecía ordinaria y el me parecía mayor, JA, que jodido es el amor, ella ni cuenta se dio y yo puedo decir que a él le cambio el mundo, podría asegurar que para él el café cambio de sabor, le sabia a ella.

El Café Oriental y lo que aprendí sobre la cultura China

Posted On 29 noviembre 2014

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El cartel reza “Café Oriental”, queda en uno de los high streets de Cambridge y no resalta particularmente entre las demás cafeterías que hay en el área. Es acogedor, la mesera no es china, ni japonesa ni indo japonesa ni tiene cara de descendencia, es más bien inglesa, inglesa con sonrisa inglesa y acento de persona inglesa. Es muy querida, muy cortés y muy inglesa. El menú no es especialmente amplio y está en un idioma que no comprendo, y ya no asumo que sea mandarín porque uno aquí aprende que la cultura no es proporcional al aspecto, me da lo mismo porque la orden me la toman por número, el 101, el 53 y un aloe vera porque el té negro que sirven es muy dulce. Na siempre me traduce, me explica los “fillings” de los “dumplings” que pido y me aconseja la salsa de chilli para los noodles y yo a cambio la dejo copiar mis apuntes en clase solo por si no se sabe la gramática.Na es china, viene de una aldea y no sabe cantones pero habla mandarín y otra lengua nativa. Debo decir que ella es una persona peculiar, nunca se cerró al núcleo de la cultura oriental ni se limitó a ese círculo social, es una persona extrovertida y aunque reservada es consciente de la cultura del mundo y no solo la de China.

Así fue como termine en el Café oriental pidiendo por números y probando los famosos spring rolls que a diferencia de la creencia popular son vegetarianos y no tienen carne de perro. Ni de gato. Ni de canario. Vegetarianos.  Las paredes están decoradas con cuadros en el mismo idioma que el menú e incluso están a la venta, después de ordenar el .24 los miro con atención aunque no entienda ni la A, y en el fondo (para sorpresa mía) suena alguna estación con los últimos hits del mes. Puedo cantar las canciones de Taylor Swift mientras aprendo figuritas orientales y muevo los palitos chinos al ritmo de Bruno Mars. Na no canta, ella revisa su celular y manda mensajes de texto porque es una persona bastante ocupada. La cultura China nunca fue muy atractiva en mi país, y si lo era resultaba ser más bien costosa, y siempre de procedencia dudosa, así que estuve lejos de imaginarme que en mis días universitarios iba a ir al café oriental donde ya me conocen y tengo un plato favorito. Que iba a desarrollar la habilidad de los palitos chinos, y que si, puedo comer desde ensaladas hasta arroz con ellos. No, sopa no. Vamos una vez a la semana dependiendo del hueco y si no tenemos entregas, nos sentamos en la misma mesa y nos quejamos como todo el resto de la clase, sobre las mismas cosas y sobre los mismos temas como probablemente otros lo hacen en algún McDonald’s o comiendo “fish´n chips”, al final del día dan lo mismo las figuritas o el idioma porque todos tenemos dos manos, todos tenemos el mismo mundo, y me alegra decir que aprendí esto sentada en el Café Oriental, donde ordeno por números al lado de Na y donde vote todos los clichés sobre la cultura China.

Sobre la amistad y la distancia

Posted On 27 mayo 2014

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“Amistad: Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato” Real Academia  Española

Quisiera saber quién inventó la política de la amistad. Alguien simpático con quien se puede charlar o alguien que tiene los mismos gustos apáticos de otro alguien. Puede ser que sea un conjunto de elementos, esa vaina de confianza, respeto y apoyo pero por sobre todas las anteriores “alguien con quien contar”. Estando en un país lejano como lo es Inglaterra, me he visto en el desafío de mantener algunas relaciones a distancia en su “estado original”, dícese de mantenerse involucrado en la vida de otro sin que se sienta la ausencia permanente del cuerpo físico. Si la amistad es algo intangible como el amor, que desafía los límites espaciales ¿cómo es que esta puede verse afectada por las fronteras geográficas delimitadas en un mapamundi?

Ahora, decidí invertir el tiempo de mantener el contacto, Facebook, Skype, whatsapp, snapchat, Imessage, Instagram, Tweeter. En menos de 5 segundos (si todos tenemos banda ancha e incluso con el famoso 4G (en Asia 5G)) leo en la diminuta pantalla del teléfono “delivered” o en el peor de los casos “seen”, todo tan rápido y tan fácil, no como cuando mi tía viajó a Londres y la familia esperaba cada tres meses para reunirse en la sala y contestar esa llamada poco frecuente. Y ni así. Ni así se salvaron algunos contactos.

Lo lógico del asunto es que esas cosas intangibles desafían no solo el espacio sino también el tiempo, y después de pensarlo por un par de meses, entendí que el error esta en los horarios. Y no en la diferencia de seis o cinco horas que tengo con los 500 contactos de Facebook, sino en el estúpido horario de universidad y trabajo que no solo basta con ser impuesto por una entidad, sino que la gente se impone mentalmente para reducir actividades como la amistad. Y eso que no es precisamente una actividad, no es algo que requiere de estiramiento como el football ni de cambio de ropa como la natación, son 2 minutos (a reloj y menos si usted tiene un buen nivel de tipografía (que no requiere buena ortografía en este caso)) de tenga usted un lindo día, basta con preguntar cómo va la vida, como van las causas, para decir buena suerte en su semana, debo seguir haciendo la cosa jodida que estaba haciendo. Si algo sé de maneras y probablemente de etiqueta es que es de mala educación ignorar a la gente, y peor que un error de codos en la mesa está en ignorar a un amigo cuando este requiere de apoyo, confianza o aún más de “alguien con quien contar”. Si los tsunamis esperaran, y a los terremotos se les pudiera pausar, la cosa no sería tan grave, ahora los desastres emocionales van adjuntos a ciertos acontecimientos que al igual que el tsunami o el terremoto arrasan con la persona en cuestión. Sin horarios de universidad o trabajo, pasan en cualquier momento del tiempo y del espacio y se transmiten en onda a modo de mensaje, tweet o foto para luego encontrarse con otro evento aún más catastrófico, “seen” “delivered” y en resumidas cuentas “ignored”.

Entiéndanme una cosa, la amistad no es una estación del tiempo, no es un puto horario, no se le da pausa y se fortalece con “el trato”.

Posted On 7 marzo 2014

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Sé cosas pequeñas de la vida. Se cosas que tal vez son completamente minúsculas como para andar diciendo que sé, pero aquí no hay filosofía de vida ni nada de yo solo sé que nada se, aquí es donde voy a decirte que sé, se de las cosas chiquitas de la vida. De las cosas como que las flores en agosto se despiden del sol entre las cometas que elevan los niños y que cuando hace frío es solo el viento buscando compañía. También sé que el té sabe mejor a solas los miércoles y los jueves me viene mejor contigo. Pues sí, nada sustancial y nada de Rocket science, solamente que el Do Re Mi Fa Sol de tus canciones hace que la gente sienta cosas porque eso hace la música, hace cosquillas en el corazón imaginario del perro y el gato y que la brisa baile con las nubes para que la lluvia corra entre los pies de las historias de ciudad. Voy a contarte secretos pequeñitos, como que el amor infinito existe entre los ángeles que viven en agua dulce y que todos soñamos con todo. Nada de literatura, nada de andar citando a Shakespeare ni de ponerse profundo con Kafka, son solo cosas, cositas, como que abril es un bonito mes y que el mar y la arena son viejos amigos que guardan recuerdos en conchas y estrellas de mar, como que nadie sabe que hay gente escondida por ahí que es feliz, y que los besos son solecitos que prenden las mañanas. 

Autumn is our season

Posted On 20 octubre 2013

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I now and then remember those nights, in that tiny room at home were I just sat to stare at the moon and wait until your sweet words came late in the night to tell me all the secrets you had, to tell me all you are and all you like without any worries for been judged. I was happy, happy to talk and feel your need for my words, my opinions, my dreams. We were almost making love, making art by just talking, by sharing all the worlds we had without any concerns about impossibles, about people and their madness, we had our own madness, and we were happy. And you stared a few times, a few times were I used to bring up into my mind the melodies that were supposed to be the soundtrack for all the moments life had plan for us, but that for some reason had to wait. And be patient, and always patient, and full of belief in faith, and destiny and love, mostly in love and happiness, and myself and all the small details you discover everyday with every single piece of me I give you, may time not be enough for two people who met in the wrong circumstances, not in serendipity and in the wrong time and space, but that together will always mean something for life. With time we grow older and wiser, and we gather patience darling and now I’m not a fool and you are not a daydreamer, but oh love, we are meant to spend some seasons in joy.

Espresso

Posted On 22 septiembre 2013

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Te tengo amor. Besos con sabor a té y palabras de chocolate en una mesa de madera en el café rouge de la esquina. La verdad no tengo nada muy alternativo que ofrecerte, tal vez y hasta pase por común, por simple, por chica de ciudad que va en metro hasta Oxford circus y se pasa las tardes caminado a casa. Soy chica de biblioteca y microscopios que pasa el tiempo con un shot de vodka una corchea y un buen libro, pero si te parece muy fuerte también tengo besos descafeinados. Me gusta reír, me gusta un buen chiste con azúcar y pasarme la mañana repitiendo “tenga usted un buen día” a la gente que pasa por mi vida, las calles y por nuestro café de esquina, porque soy comúnmente y extrovertidamente feliz.  Me gusta repetir “oye lindo, que mala vaina el clima” y pues sí, también uso camisetas rosadas. Nada del otro mundo, todo lo contrario, lo más mundano y terrenal que hayas podido encontrar, nada de diosa griega ni de jodidos cuentos de hadas, honestamente es que hasta me pinto las uñas (y no de negro), el asunto (para que no me confundas tampoco con una Barbie) es mas de cerebro, pero de los simples, nada muy alternativo. Pero te tengo amor. Y besos con sabor a té y palabras de chocolate en una mesa de madera en el café rouge de la esquina, pero si es muy fuerte lindo, tranquilo, también tengo besos descafeinados.

Nostalgia

Posted On 25 julio 2013

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Entonces miras hacia atrás. Lees esos comentarios en la parte de atrás de cuadernos viejos, palabras de amigos sin sentido que seguramente te hicieron reír. Vuelves a leer antiguos mensajes de cumpleaños, mensajes de ex novios y viejos comentarios sobre planes vagos y mundanos. Recuerdas chistes y canciones de hace años, hasta recuerdas la mala ortografía cuando todo era t d o y qué era una simple k, y caes en cuenta de que cuando te enamoraste la primera vez de ese alguien ni siquiera conocías al más reciente trago amargo. Lees un mensaje que dice “Se feliz hoy y siempre, que tus sueños se cumplan, que viajes mucho y hagas todo lo que quieres” y te das cuenta que lo estás haciendo, mensajes que dicen “Nunca cambies” y piensas, sí que lo he hecho, pero él estaría orgulloso de quien me he convertido. Miras atrás y vienen a la mente pequeñas vueltas al jardín, mañanas de frío sin ganas de estudiar y sobre todo amigos, amigos que hoy son personas diferentes a las de ese día, amigos con los que ya tal vez no hablas o con los que ya no eres tan cercano y entonces extrañas. Extrañas esos salones de pupitres rayados y bandejas caídas, salones de colegio con tiendas de lata y la vendedora de toda la vida que fía empanadas, choclitos y el famoso jugo “Total”. Extrañas incluso las materias de libros gordos y lecturas tediosas y al profesor que hasta tu amigo se hizo. Miras el tiempo de hoy, y caray que todo es diferente, joder que extrañas el tiempo pasado pero tal vez tú presente como el mío esta increíble. Y entonces piensas en el futuro, cuando tal vez te cases y tengas hijos, o piensas en toda la gente que aun te falta por conocer, gente que quizá será muy importante para ti, y dices, ¿Qué será de cuando este allá y recuerde este hoy? Lo importante es saltar. Saltar, bailar, correr, volar, soñar y ser feliz. Lo importante es ser feliz. Ayer, Hoy, Mañana, Siempre. Y ¿Para qué? Para que te de nostalgia de la buena, de la importante, de la que dice Hoy soy porque ayer fui cuando estés en ese día leyendo sobre este.

Dear Hollywood

Posted On 28 marzo 2013

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Esos amores de Audrey Hepburn bajo la lluvia buscando su gato, esos amores de “Don´t you forget about me” donde el bad boy se lleva a la chica, amores como los de Noah y Allie y casas y gansos, amores de ferias y ruedas de chicago, yo quiero un amor donde un ángel cambia una eternidad de soledad por un día de mi compañía, uno de esos amores de los 80’s donde alguien se inventa una canción para mí. Sí, yo quiero uno de esos amores de adolecentes de cigarrillos y vodka en la noche de año nuevo con rock de “The cure” donde James Mcvoy descubre el amor de su vida. Podrá sonarle cursi a usted, quien quiera que sea que lee esto, pero muero por ser la chica que cambia al Trouble maker de la historia, la que escribe una lista de las cosas que odio y al final le regalan una guitarra mientras el happy ever after lo acompañan los créditos y “Save ferris” canta. Y si, se pone aún más ridículo, porque debo confesar que aunque sea perturbador, quisiera un chico que me persiga por todo el continente, quiero ser la Emma de algún Willy, Summer para algún Tom, o mejor aún….yo para algún alguien. ¿Sigue leyendo? Porque se pone peor…yo quisiera ser la inspiración a la locura, el abrebocas a la aventura, quiero cambiar la vida de alguien, yo de verdad quiero que todo sea “Muy parecido al amor”, quiero que alguien espontáneamente me saque a bailar en la mitad de la calle, que alguien inesperadamente me lleve a un lugar muy lejos para gritar y me diga contigo the sky is “Blue like Jazz”, que alguien me diga tu eres mi “arte liberal”,  tu eres “The art of getting by”. Yo no sé usted qué pensará de todo esto (si, usted persona que no conozco pero a la que le escribo) pero yo se que tengo ganas de que alguien se enamore de mí, pero uno de esos amores clásicos tipo Grease, juro que yo amaría, juro que haría feliz.

Sin rencor Hollywood.

You screw me.

Fuck you.

Pasado, presente y futuro

Posted On 2 enero 2013

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Lo triste es no poder amar, tú te fuiste de mi lado y quede en un infierno de ángeles caídos que proyectaban nuestras memorias. Así que tome mis maletas, empaqué un poquito de sol, un tris de experiencia y sobre todo ganas de ser feliz. Me arme de fe y de esperanza porque valor y confianza no tenía mucha. Y así empecé a subir, no puedo decir que no pase por el limbo, pero una vez ahí fue cuestión de tiempo, tiempo para que llegara el tren. Fui escéptica en una etapa, decidí que el amor era una mierda y que no valía la pena. Pero eso fue hasta que me volví a enamorar. Me enamore de muchos a decir verdad, porque amaba como él me miraba, y la forma en que este otro decía mi nombre, me enamoré de la las palabras de uno y debo admitir que de otro me enamoré más de la cuenta. Hubo uno muy especial, él tenía la camiseta número cuatro y recuerdo como acepte quedarme con él cuando lo pidió, fue el único que logró lo que con otros negué, pero es que él se había esforzado mucho desde tiempo atrás y al final no tuve opción más que quererlo. A él si le partí el corazón porque él me amaba. Pero yo tenía un camino largo que recorrer.

Escuche halagos, palabras bonitas, recibí regalos y acepte invitaciones en el transcurso y fui feliz. Fui feliz mientras los escuchaba hablar sobre lo que yo era cuando yo misma no lo sabía, así recordé de a pocos que me gustaba escribir, que me gustaba leer y salir, recordé cosas que sepulte en tu tiempo como cuanto amaba la tertulia, los cafés de centro y el jazz, el blues y el mismísimo indie. Lo triste es no poder amar, porque a ninguno lo amo pues tengo que partir. Lo triste fue no permitirles pasar a través de la mesa del café o dedicarme alguna nota particular en la noche de jazz, lo triste fue tener que improvisar ante alguna frase complicada y no haber escogido a alguno para besarnos después de las 6 y decirle “Adiós amor, nos veremos mañana”.

Ahora salí de la estación y lo veo a él en fondo, ya dejé el escepticismo atrás y los falsos amores y el me recibe con la frase que yo más puedo amar, “esto es serio y durará el tiempo que pueda” ya no le diré que me enamoré de algo de él, ni que lo quiero ni que lo adoro, no aceptaré quedarme porque seré yo quien le pida que se quede, le diré que me enamoré de cada cosa moral, intelectual y emocional en él y sobre todo le diré, descubriendo nuevamente esas dos palabras, “Te amo”.

 

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